
Presiento la rosa en el tallo dormido,
presagio la caricia y presiento la pena.
Y el beso que han de darme,
y el llanto no nacido humedece mis dedos
y entristece mis venas.
Presiento que me quiere quien no puede quererme.
Presiento mis insomniosy el llorar de una estrella.
Yo presiento su risa-y en mis versos su huella-.
Y la risa que pasa,
y la duda que seca.
Todo presiento,
todo,
lo que pasa en la tierra:la caricia y el llanto,
el beso y el poema.
Las cosas, nuestras cosas,les gustan que las quieran;
a mi mesa le gusta que yo apoye los codos,
a la silla le gusta que me siente en la silla,
a la puerta le gusta que la abra y la cierre
como al vino le gusta que lo compre y lo beba,
mi lápiz se deshace si lo cojo y escribo,
mi armario se estremece si lo abro y me asomo,
las sábanas son sábanas cuando me echo sobre ellas
y la cama se queja cuando yo me levanto.
¿Qué será de las cosas cuando el hombre se acabe?
Como perros las cosas no existen sin el amo.
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